La era de la boludez” fue un  disco de Divididos, hecho en los noventa.
Una gran obra musical, testimonial, enorme, brillante.
Fue una verdadera radiografía de los tiempos extremadamente frívolos que todo lo invadían en aquella Argentina justicialista, menemista, neoliberal – como se llenan ahora la boca muchos de los que participaban de aquella fiesta y hoy miran para otro lado.
“No estoy solo, puedo salir a comprar”, decían Mollo y Arnedo.
La felicidad del uno a uno parecía eterna.
Pero el tiempo, veloz, dio cuenta de la fiestita verde.
Todo se fue digitalizando, como aquel Ayatollah genial de Spinetta.
Visionario El Flaco, como siempre.
El neo o “nuevo” justicialismo vio el huequito de la izquierda y se metió, se mimetizó magistralmente – virtud permanente, hay que reconocerlo – buscando aires frescos para su nueva propuesta: la soja y el choreo monumental.
Pero esa es otra historia.
En el medio de todo el desfalco, algo pasó.
Ese “algo” hizo que los años de búsqueda de una mejor palabra, de una buena oración o de un párrafo distintivo se terminaran.
La velocidad, lo inmediato es lo que manda.
Así, la escucha paciente ha sido reemplazada por infinidad de “Me gusta” en tiempo récord.
La lectura que otrora respetaba los tiempos de asimilación y comprensión, se hizo minimalista.
Solo se leen tres o cuatro palabras seguidas, máximo.
Hasta la mismísima palabra quedó sometida al interminable narcisismo y relegada a servir, únicamente, como pie de fotografía.
Spinetta, Charly, León ofrecían su arte, sus letras y promovían la mejor comprensión de metáforas y figuraciones.
Cosas de viejos? Puede ser…
Pero antes los pibes evadíamos las razias policiales y solíamos juntarnos para aprender nuevos acordes, pasarnos letras que aún no alcanzábamos a comprender, discutirlas, imaginarlas.
Todo eso murió y fue reemplazado por la guerrilla pandillera, el nazi-fascismo callejero que solo busca la destrucción del otro.
Y así la era de la mansedumbre de la progresiva dio paso a la era de la boludez.
Finalmente, la era de la boludez ya quedó incorporada como el motor interno para este nuevo tiempo.
Señoras y señores, con ustedes, la era de los desalmados.