Qué puedo decir del espectáculo lamentable, indecoroso que se vive en la Argentina 2021?
La realidad social que la pandemia solo empeoró un poco, termina siendo tan abrumadora como pocas veces uno pudo haber imaginado.
Recordando tiempos idos, mi adolescencia y primera juventud transcurrió entre bastones y la metralla de una banda siniestra, disfrazada de militares y apoyada por una enorme mayoría de argentinos.
Si no me creen, vean las publicaciones de los días previos al golpe del 24 de marzo de 1976.
Podemos contar con los dedos de unas pocas manos a los militantes que fueron a apoyar al gobierno democrático (horrible, pero democrático al fín) de Isabel Perón. No había nadie, solo fotógrafos que sabiendo lo que iba a pasar (como todo el mundo), estaban allí para obtener la primicia gráfica.
Millones de argentinos apoyaron ese golpe, tantos como millones se horrorizarían años mas tarde, mucho más tarde.
Así transcurrió mi adolescencia, mi juventud, mi andar con la guitarra por todos lados, mis salidas a bailar, huyendo siempre de una realidad represiva que esperaba a la vuelta de la esquina.
En fin…, para qué abundar en detalles.
Pasados aquellos tiempos, la floreciente democracia me sorprendía interesado en toda propuesta política.
Era muy común que los jóvenes tan entusiasmados como estábamos, aceptáramos toda plataforma electoral que panfleteros ofrecían por ahí, sin obviar ninguna expresión política.
Recuerdo haber ido a actos radicales, peronistas, intransigentes, actos hasta del MAS de un muy jóven Luis Zamora.
Por supuesto que estuve en el cierre de campaña de Alfonsín en la 9 de julio, y también el del famoso cajón de Herminio.
Ganó Alfonsín.
Su gobierno, con sus altos y bajos, transcurrió siempre bajo mi mirada crítica.
En particular, recuerdo un acto en protesta por el recorte de fondos universitarios al que fui en mi facultad (Ciencias Exactas), el cual finalizó con gases, palos y corridas. El ministro del interior era Antonio Tróccoli, si mal no recuerdo.
Después de Alfonsín, vino Menem y a pesar de haberlo votado, como a Alfonsín, cuando hubo que expresar alguna protesta, ahí estuve.
Por qué toda esta perorata auto-referencial? Simplemente porque entiendo lo que se perdió: la mirada crítica.
Una vez que votaba a mi candidato, y eventualmente ganador, pasaba a ser un observador de su gestión.
La premisa era: NUNCA SER OFICIALISTA.
Por qué? Simplemente porque la relación entre el hombre y el poder es bien conocida.
El poder cambia, moldea egos, distorsiona realidades y da la sensación de que quien ostenta ese poder, es más que el resto de los mortales. Millones de ejemplos históricos avalan esta idea.
Creadores de democracias en todo el mundo escribieron y rubricaron constituciones que limitan períodos presidenciales, entre otros. Y todo eso para qué? PARA EVITAR UNA CONTINUIDAD EN EL PODER QUE HAGA FINALMENTE QUE EL PUEBLO PIERDA EL CONTROL DE SUS GOBERNANTES.
Por eso es que el votante no puede perder nunca su sentido de independencia, de ver siempre más allá de las miserias propias y combatir esa tentadora sensación de placer que da el hecho de que nuestro votado candidato hace todo bien y lo que no hace bien, lo callamos de manera cómplice.
Esa complicidad lo único que hace es darle un golpe cada vez más certero y mortal a la democracia.
Pero la sociedad hoy solo quiere tener razón, no importa la razón.
Claramente, no interesa la búsqueda de la verdad, solo encontrar un argumento más que afiance nuestra pobreza intelectual, es decir que nos asegure que no estamos equivocados, que tuvimos razón, que somos los buenos y que los demás son los equivocados.
En el rubro del periodismo, le llaman “periodismo militante“, de la mano del falaz concepto de que “la opinión nunca es objetiva porque proviene de un sujeto”.
Dentro de ese concepto engañoso que habilita la manipulación informativa, se pierde la búsqueda de la verdad, que es lo que importa. Jamás importa tanto el objetivo sino recorrer el camino, dicen.
Ese camino es la búsqueda de algo verdadero, que puede ser algo que nos desafíe y que nos haga ver, eventualmente, que estuvimos equivocados.
Y eso qué? Qué es lo malo de estar equivocados si finalmente un día descubrimos, exitosamente, que lo estamos?
Aleluya. Dimos un paso hacia adelante.
Pero… De qué se trata, a quién le importa?
Dicen que siempre hay dos caras de la verdad.
Pues, quien busca la verdad pone a disposición de sus lectores las dos caras, nunca una sola. ESA ES LA VERDAD.
La verdad absoluta no existe, pero sí existe la manipulación para mostrar una sola cara y venderla como que ESA ES LA VERDAD.
Por si le interesa a alguien, dejé de creer en esta sociedad cuando me dí cuenta que los jóvenes, hoy en día, van por este camino.
Es así que la Argentina no tiene otro futuro más que mudar de extremo en extremo, perdiendo de vista el bien común.